De la retórica de Trump a las hebillas del cinturón del cobre africano por el que pelean EEUU y China a golpe de talonario
Como todo populista de derechas, Trump juega con dos ideologías malamente conciliables: por un lado, el obrerismo ("los olvidados") y, por otro, las grandes empresas. Ahora, la IA le ha obligado a poner las cartas boca arriba y, previsiblemente, ha ganado el segundo grupo. Tras seis meses viendo cómo los propios republicanos impedían sus planes de arrebatar a los estados la regulación de IA para centralizarla en Washington, Trump ha optado por las malas y ha emitido una Orden Ejecutiva en la que declara que el Estado federal (o sea, Washington) será quien controle esa tecnología y que, si algún estado se atreve a meterse, le cortará las transferencias en otras áreas. La decisión ha sentado como un tiro a las bases trumpistas, que temen la pérdida de empleos con la IA y, además, son conscientes de que los reguladores de Washington (David Sacks, Sriram Krishnan y Michael Katsios) tienen intereses o han trabajado en empresas del sector.